Plan de pastoral

Objetivo general


PLAN PASTORAL DE LA DIÓCESIS DE EL BANCO

OBJETIVO GENERAL:

El Plan Pastoral de la Diócesis de El Banco tiene como propósito fortalecer la vivencia del discipulado misionero, haciendo que todos los bautizados asuman su identidad de testigos del Evangelio y servidores del Reino de Dios. Inspirados en la enseñanza del Documento de Aparecida, este camino discipular busca hacer presente a Jesucristo en cada rincón de la sociedad, transformando la realidad desde la fe, la esperanza y la caridad.

“El discipulado misionero es el camino para llevar a cabo la misión de la Iglesia en el mundo de hoy. Cada bautizado está llamado a ser discípulo de Jesús y misionero de su Evangelio” (D.A. 361).

“El discípulo misionero no es solo un creyente, sino aquel que está dispuesto a anunciar a Cristo con su vida y palabra, a transformar las realidades humanas desde el amor de Dios” (D.A. 367).

Siguiendo las palabras de la Sagrada Escritura:

“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, in Samaría y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

Por tanto, la Diócesis de El Banco se compromete a profundizar en la experiencia personal y comunitaria de fe en Jesucristo, para que cada discípulo misionero viva su vocación cristiana con renovado ardor, llevando el Evangelio a cada comunidad y renovando la vida eclesial con una visión misionera.

Objetivos ESPECÍFICOS

1- Fortalecer la espiritualidad bíblica y la formación del pueblo de Dios, poniendo la Palabra de Dios en el centro de la vida cristiana y pastoral. Meta:

Promover la práctica de la lectio divina como medio de encuentro personal con Dios y de formación continua en la fe.

“La fe viene por la predicación, y la predicación por la Palabra de Cristo” (Rm 10,17).

“La conversión pastoral empieza por la conversión a la Palabra de Dios. Sin ella, no podemos llevar a cabo nuestra misión evangelizadora” (D.A. 368).

2- Fomentar una pastoral misionera activa, impulsando una iglesia en salida que evangelice todos los ámbitos de la sociedad. Meta:

Incentivar a las comunidades parroquiales a salir al encuentro de los más necesitados, siendo signos visibles de Cristo en el mundo.

“Vayan y hagan discípulos a todas las naciones” (Mt 28,19-20).

“La misión de la Iglesia no es solo un acto de palabras, sino una actitud misionera constante que se traduce en obras de misericordia y solidaridad” (D.A. 370).

3- Desarrollar una conciencia misionera entre los laicos, capacitándolos como protagonistas de la evangelización en la vida cotidiana. Meta:

Formar a los laicos para que lideren procesos de evangelización y transformación social desde su vocación baptismal.

“Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo” (Mt 5,13-14).

“Los laicos, por su vocación y su bautismo, son sujetos de la misión de la Iglesia” (D.A. 370).

4- Promover una conversión pastoral que impulse a las comunidades a la renovación constante en su misión evangelizadora. Meta:

Implementar una reestructuración pastoral que permita responder eficazmente a los desafíos del mundo contemporáneo.

“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca” (Mt 3,2).

“La conversión pastoral exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” (D.A. 370).

5- Revivir el espíritu de Pentecostés, pidiendo al Espíritu Santo que impulse la misión evangelizadora con nuevo ardor. Meta:

Orar constantemente para recibir el don del Espíritu Santo y fortalecer el compromiso misionero de la Diócesis.

“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos” (Hch 1,8).

“Necesitamos un nuevo Pentecostés para que nuestras comunidades sean auténticamente misioneras y transformadoras de la sociedad” (D.A. 548).

MISIÓN DEL PLAN PASTORAL

La Diócesis de El Banco se compromete a formar y enviar discípulos misioneros que, desde una experiencia profunda de fe, se dediquen a la evangelización y a la transformación social en clave de Reino.

Guiados por la Palabra de Dios y fortalecidos por el Espíritu Santo, buscamos ser una Iglesia viva, comprometida con los más vulnerables y con la realidad local, respondiendo con valentía a los desafíos de nuestro tiempo.

VISIÓN DEL PLAN PASTORAL

Nuestra visión es ser una Iglesia misionera y transformadora, animada por el Espíritu Santo y guiada por Jesucristo y la Virgen María. Queremos ser una comunidad de discípulos misioneros que proclamen la Palabra de Dios, vivan la fraternidad y trabajen unidos por la justicia, la paz y la dignidad humana. Buscamos renovar y revitalizar nuestra fe con una pastoral decididamente misionera que llegue a cada rincón de nuestro territorio, siendo auténticos testigos del Evangelio.

  • “La conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades de discípulos misioneros, centradas en Jesucristo, Maestro y Pastor” (D.A. 367).
  • “Los laicos, por su vocación y su bautismo, son sujetos de la misión de la Iglesia” (D.A. 370).

“Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo” (Mt 5,13-14).

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DESARROLLO DE LA MISIÓN Y LA VISIÓN A TRAVÉS DE LOS OBJETIVOS DEL PLAN PASTORAL

Los objetivos del Plan Pastoral de la Diócesis de El Banco están orientados a fortalecer una Iglesia de discípulos misioneros, comprometidos con la evangelización y la transformación de la sociedad, respondiendo así al llamado de Cristo y a la misión que la Iglesia ha recibido. Como nos enseña el Documento de Aparecida: “El discipulado misionero es el camino para llevar a cabo la misión de la Iglesia en el mundo de hoy” (DA 361).

1. Fortalecer la formación bíblica y espiritual del pueblo de Dios:

La Sagrada Escritura es el fundamento de la vida cristiana. A través de la lectio divina, los fieles encuentran en la Palabra de Dios la fuente de su identidad y misión. La formación en la fe es indispensable para que los discípulos misioneros den testimonio de Cristo con convicción y valentía.

Impacto en la misión: Al profundizar en la Palabra de Dios, los discípulos fortalecen su fe y están mejor preparados para llevar el Evangelio a todos los rincones, cumpliendo así el mandato de Cristo. “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a observar todo lo que les he mandado” (Mt 28,19-20).

Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda: “La Sagrada Escritura debe ser el alma de la teología y de la predicación pastoral” (CIC 132), subrayando la importancia de su estudio y vivencia en la vida eclesial.

2. Fomentar una pastoral misionera activa:

La Iglesia es, por naturaleza, misionera (cf. AG 2). Es necesario que todas las comunidades eclesiales asuman con renovado ardor la tarea evangelizadora, saliendo al encuentro de aquellos que aún no han experimentado el amor de Dios, con especial atención a los pobres y marginados.

Impacto en la visión: La Diócesis de El Banco se convierte en una Iglesia en salida, siguiendo el llamado del Papa Francisco a una conversión pastoral que nos impulse a abandonar estructuras caducas y abrirnos a nuevas formas de evangelización. Como nos exhorta el Documento de Aparecida: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos; es necesario pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” (DA 370).

En este sentido, la misión de la Iglesia es reflejo del envío de los discípulos por parte de Cristo: “Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo” (Mt 5,13-14).

3. Desarrollar una conciencia misionera en los laicos:

Todos los bautizados están llamados a ser discípulos misioneros y a asumir con responsabilidad su papel en la evangelización del mundo. Es urgente fortalecer la formación de los laicos para que, iluminados por el Espíritu Santo, sean testigos del Evangelio en sus familias, trabajos y comunidades.

Impacto en la misión y visión: Los laicos, con su testimonio cotidiano, contribuyen activamente a la construcción del Reino de Dios. El Concilio Vaticano II resalta: “Los laicos participan en la misión salvadora de la Iglesia. Son llamados por Dios a desempeñar su papel en la evangelización del mundo” (LG 33).

Como nos dice el Documento de Aparecida: “Los laicos están llamados a ser verdaderos protagonistas en la Iglesia y en la sociedad” (DA 210).

4. Promover una conversión pastoral que impulse a las comunidades a salir de sí mismas:

La Iglesia debe renovarse constantemente para responder con mayor eficacia a los signos de los tiempos. La conversión pastoral no es solo un cambio de estructuras, sino un retorno constante al Evangelio y a la misión confiada por Cristo.

Impacto en la misión: Una Iglesia en permanente conversión es capaz de irradiar la luz de Cristo y transformar la sociedad. “Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca” (Mt 3,2).

El Código de Derecho Canónico reafirma este compromiso con la misión: “La Iglesia tiene el deber y el derecho nativo de predicar el Evangelio a todas las gentes” (CIC 747).

5. Revivir el espíritu del primer Pentecostés:

La misión de la Iglesia es impulsada por el Espíritu Santo. Así como en Pentecostés los apóstoles recibieron el fuego del Espíritu para anunciar a Cristo, hoy nuestras comunidades diocesanas deben clamar con fervor la presencia del Espíritu que renueva y fortalece.

Impacto en la visión: Una comunidad eclesial animada por el Espíritu Santo es testimonio vivo del amor de Dios. “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

Pues al pedir al Espíritu Santo que nos fortalezca, nos convertimos en una Iglesia llena de vida, dinamismo y unidad, capaz de cumplir con la misión evangelizadora y ser testigos del amor de Dios en todos los aspectos de la vida humana.

Como nos recuerda el Documento de Aparecida: “Necesitamos un nuevo Pentecostés que nos impulse a ser Iglesia en estado permanente de misión” (DA 548).

Con estos objetivos, la Diócesis de El Banco se encamina a ser una Iglesia en salida, misionera y transformadora, donde cada bautizado, iluminado por la Palabra de Dios y fortalecido por el Espíritu Santo, asuma con alegría su vocación de discípulo misionero. En fidelidad al mandato de Cristo y al Magisterio de la Iglesia, renovamos nuestro compromiso de anunciar con audacia y caridad el Reino de Dios en nuestra realidad concreta.

Este Plan Pastoral es una invitación a renovar nuestra identidad cristiana y nuestro compromiso con la misión de Cristo. Bajo la guía del Espíritu Santo y con la protección de la Virgen María, nos encaminamos con esperanza a construir una Diócesis evangelizadora, servicial y testigo del amor de Dios en nuestro mundo, afianzando su experiencia de fe en Jesucristo, viviendo el discipulado misionero y anunciando el Evangelio en cada rincón, generando una renovación eclesial auténtica.

Paso a paso

Feses del plan de pastoral

Para hacer realidad nuestro Plan Pastoral, hemos trazado un camino claro para los próximos tres años. Cada año tendrá un enfoque especial que nos permitirá crecer juntos como comunidad de manera progresiva.

Este recorrido se divide en tres grandes fases: comenzaremos con el Encuentro con la Palabra, luego fortaleceremos nuestra Fe en comunidad y, finalmente, nos prepararemos para el Envío Misionero.

Primera Fase 2025

Para ser Discípulos escuchando la Palabra que transforma

Encuentro con la Palabra

Al nalizar el año 2025, el pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de El Banco, ha redescubierto la importancia y necesidad de la Palabra de Dios, a través de la lectio divina. Esta palabra ha sido celebrada en el contexto de la evangelización y se convierte en el corazón de toda la vida eclesial, profundizando la experiencia del discipulado.

Conformación de las Pequeñas Comunidades

Segunda Fase 2026

Congurados con el maestro

Fe

Al finalizar el año 2026, el pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de El Banco, en sus XX años de evangelización, ha redescubierto el don de la fe que nace de la escucha de la palabra de Dios (cf. Rm 10, 17), y ha aprendido a celebrarla y testimoniarla con alegría y responsabilidad social. Esto ha implicado una transformación tanto en las comunidades eclesiales como en los pueblos, promoviendo un testimonio coherente con la fe recibida.

Fortalecimiento de las Pequeñas Comunidades

Tercera Fase 2027

Enviados

Misión ad gente

Al finalizar el año 2027, el pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de El Banco, ha profundizado en la persona de Jesucristo y en la vivencia del discipulado misionero, en virtud de su bautismo, el Evangelio y la oración (lectio divina). Están dispuestos a entregarse de por vida a la misión de anunciar al Señor, contribuyendo así a una transformación profunda en la sociedad.

Fin pre-Discipulado y Envió Misionero

LA URGENCIA DEL LLAMADO MISIONERO

El Documento de Aparecida subraya con fuerza la necesidad urgente de una conversión pastoral y misionera en la Iglesia (DA 365). Esta conversión implica volver la mirada a Dios con un corazón abierto, como lo hicieron los discípulos y la Virgen María, quienes respondieron con obediencia y docilidad al llamado divino. Urge, por tanto, clamar al Padre del cielo para que nos conceda esta gracia, reconociendo que sin Él nada podemos hacer (Jn 15,5). En los Hechos de los Apóstoles encontramos una enseñanza fundamental para la vida discipular. Tras la resurrección de Jesús, Él se presentó a sus apóstoles con múltiples pruebas de que estaba vivo, instruyéndolos sobre el Reino de Dios: “Después de su pasión, Jesús se les presentó con muchas pruebas evidentes de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios” (Hch 1,3). Antes de su ascensión, les dio una orden clara: “No salgan de Jerusalén, esperen la promesa que les hice de parte del Padre; porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días” (Hch 1,4-5). La espera del Espíritu Santo no fue pasiva, sino un proceso de preparación y transformación profunda. Jesús confirma esta promesa cuando les dice: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo; él vendrá sobre ustedes para que sean mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra” (Hch 1,8). El discipulado misionero, al que Aparecida nos convoca, nace precisamente de esta experiencia transformadora con el Espíritu Santo, quien nos capacita para llevar el Evangelio hasta los confines del mundo (DA 130-131). Los discípulos no esperaron solos; estaban acompañados por la Virgen María, quien con su fe inquebrantable se convirtió en modelo perfecto de discípula y madre de la Iglesia (CIC 963). Ella, llena del Espíritu Santo desde el momento de la Anunciación, vivió una docilidad plena a la voluntad de Dios: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1,35). Su fiat es expresión de un corazón completamente entregado a Dios, signo de la verdadera actitud discipular. María fue elegida por Dios Padre para ser Madre de su Hijo, y en este designio divino se nos presenta como maestra de vida en el Espíritu. Su testimonio nos enseña que la auténtica conversión no es solo un cambio moral, sino una apertura total a la gracia de Dios, que transforma nuestra existencia y nos impulsa a la misión. Como señala Aparecida, la Virgen María nos acompaña en nuestro proceso de maduración como discípulos misioneros, y nos enseña a vivir en la escucha atenta a la Palabra de Dios y en la comunión con la Iglesia (DA 266). Así como Juan el Bautista fue el mayor entre los nacidos de mujer porque anunció la presencia de Cristo (Mt 11,11), María supera a todos los creyentes de la Antiguo Alianza porque su fe se realizó en plenitud al ser Madre del Salvador. Su camino de fe es un referente para toda la Iglesia, llamada a vivir en fidelidad y entrega total al Señor (CIC 148-149). Su testimonio nos interpela a asumir con valentía nuestra identidad de discípulos misioneros, dejando que el Espíritu Santo nos configure con Cristo y nos envíe a anunciar el Evangelio con alegría y audacia (DA 548).

ANIMADOS POR EL ESPÍRITU SANTO: Un Nuevo Pentecostés para Nuestra Diócesis

La misión del Espíritu Santo es esencial en el cumplimiento del plan de Dios. Sin su acción, los discípulos no habrían tenido la valentía de proclamar el Evangelio en Jerusalén, el lugar del sacrificio de Cristo, ni en Samaria, donde fueron rechazados. Humanamente, parecía una “misión imposible”, como quizás lo pensaron los discípulos en un primer momento. Sin embargo, María, Madre del Señor, con su fe inquebrantable y su confianza en las promesas de Dios, nos recuerda que “nada es imposible para Dios” (Lc 1,37). Con su maternal presencia, María acompañó a los discípulos en la espera de la venida del Espíritu Santo, sosteniéndolos con su testimonio. Ella, que había experimentado en su propia vida la acción del Espíritu Santo cuando el ángel le anunció la concepción del Hijo de Dios (cf. Lc 1,35), compartió con los discípulos cómo este mismo Espíritu transformó su existencia. También les recordaba la alegría desbordante de Juan el Bautista en el seno de Isabel al recibir la presencia del Espíritu (cf. Lc 1,41). En los Hechos de los Apóstoles leemos: “Todos ellos perseveraban en la oración en común, junto con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hch 1,14). En este ambiente de oración, la Iglesia naciente se preparó para recibir el fuego del Espíritu y ser enviada a la misión. Este es el primer paso de nuestro Plan Pastoral: clamar al Espíritu Santo para que haga florecer en nuestra amada Diócesis de El Banco un nuevo Pentecostés. Solo desde un verdadero encuentro con Jesucristo, vivo en su Palabra y en la Eucaristía, podemos formar auténticos discípulos misioneros. Como nos exhorta el Documento de Aparecida: “Todos los bautizados estamos llamados a recomenzar desde Cristo” (DA 549). Este recomenzar solo es posible with la fuerza del Espíritu Santo, quien tiene la misión de revelarnos a Jesucristo (cf. Jn 16,13) y de hacer que lo reconozcamos y sigamos with la misma pasión y novedad con que lo hicieron los primeros discípulos a orillas del Jordán, o los santos y beatos de América Latina, como san Juan Diego. El verdadero discipulado no nace de una simple decisión ética ni de una gran idea, sino del encuentro personal con Jesucristo, un acontecimiento que transforma nuestra vida y nos da un nuevo horizonte y una dirección decisiva (cf. DA 243). Este encuentro nos libera del individualismo y nos impulsa a comunicar a los demás la vida plena, la esperanza y la alegría que hemos recibido. Solo en la experiencia del seguimiento, que se convierte en comunión y misión, somos rescatados y enviados a anunciar el Evangelio a todos los pueblos. “El Espíritu Santo es el protagonista de toda la misión eclesial” (Catecismo de la Iglesia Católica, 852), y sin Él, nuestra acción pastoral sería estéril. Por ello, las Jornadas Pastorales marcarán el inicio de este proceso diocesano, profundizando en la presencia del Espíritu Santo, los sacramentos y la vida de la Iglesia, para renovar en nuestra diócesis el ardor misionero y la identidad discipular.

LECTURA DE FE: Los signos de los tiempos leídos por los discípulos misioneros

Con los ojos iluminados por la luz de Jesucristo Resucitado, podemos y deseamos contemplar el mundo, la historia, nuestros pueblos de América Latina y el Caribe, y a cada una de sus personas (cf. DA 18). Como Dóciles al mandato del Señor, estamos llamados a leer la realidad con la mirada del Maestro, reconociendo en ella la acción amorosa de Dios. La Conferencia de Aparecida nos recuerda que “no podemos analizar nuestra realidad sin dejarnos iluminar por la fe y sin contar con una adecuada referencia a la Palabra de Dios” (DA 33). En este sentido, como Iglesia particular de la Diócesis de El Banco, acogemos esta exhortación en nuestras comunidades para orientar y motivar nuestros compromisos pastorales y la “misión ad gentes” en nuestro extenso territorio (cf. CEC 781). Esta realidad solo puede ser comprendida en el marco del primer encuentro con Jesucristo, a través del discipulado en la “primera llamada”. Sin este encuentro vivo e inspirado por el Espíritu Santo, corremos el riesgo de interpretar la realidad con criterios meramente humanos, olvidando que “sin mí no pueden hacer nada” (Jn 15,5). Pero cuando nos dejamos tocar por Él en la intimidad, aprendemos a ver nuestra historia, la de nuestros pueblos y comunidades, como historia de salvación. Esta visión nos permite discernir los signos de los tiempos y actuar según la voluntad del Señor (cf. Mt 16,1-3; Lc 12,54-56), tal como la Iglesia nos enseña (cf. CEC 94). Por ello, antes de cualquier análisis de la realidad para descubrir sus desafíos y potencialidades, es esencial experimentar un “Pentecostés comunitario”. Necesitamos reconocer y acoger al Espíritu Santo, quien nos ilumina para interpretar los acontecimientos como palabra de Dios en medio de la compleja realidad que nos rodea. Así como Moisés se acercó a la zarza ardiente con reverencia y asombro (cf. Ex 3,2-5), nosotros nos acercamos a nuestra historia con la certeza de que el Señor sigue actuando. La expresión “signos de los tiempos” (GS 4) nos ayuda a leer la realidad con ojos de fe, reconociendo en ella la acción providente de Dios. Sabemos que en la historia humana se manifiesta la salvación operada por el Espíritu Santo. No obstante, cuando los acontecimientos parecen adversos y desafían nuestra fe, podríamos caer en la tentación de pensar que Dios se ha alejado. Sin embargo, también en esos momentos de prueba, como en medio de la tormenta, los discípulos experimentaron el poder de la palabra de Cristo que disipa las tinieblas y calma el mar (cf. Mc 6,45-52). La fe nos es dada precisamente para afrontar estos momentos con la certeza de que “nada puede separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús” (Rom 8,39). El Documento de Aparecida nos invita a contemplar la realidad con una mirada de discípulos misioneros, con la misma perspectiva de Jesús, quien sabía leer los signos de la presencia del Padre en cada acontecimiento (cf. DA 33). Después de invocar al Espíritu Santo para que nos ilumine y de profundizar en la “primera llamada” al discipulado, nuestro encuentro con Cristo, Palabra viva del Padre, orientará todos los procesos pastorales y evangelizadores de la Diócesis. Esto permitirá llevar a cabo un estudio socio-cultural, económico y político de nuestra realidad diocesana, en actitud de escucha: escuchando desde fuera (contorno) y escuchándonos desde dentro (entorno). Sin embargo, antes de emprender cualquier acción concreta, nos debe preceder una renovada experiencia de Pentecostés, que avive en toda la Diócesis el ardor misionero de la Iglesia primitiva y de los santos que han dado su vida por el Evangelio (cf. Hch 2, 1-4; CIC 849), de la Iglesia, para renovar en nuestra diócesis el ardor misionero y la identidad discipular.